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Ataque holandés a San Juan, Puerto Rico

En 1624 la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales le dio a Boudewijn Hendrijks (Balduino Enrico) el mando de una flota con 34 buques con buena artillería y 6.500 hombres, para socorrer el puerto holandes de Bahía en Brasil. Balduino llegó cuando los holandeses habían sido ya desalojados de Brasil. En represalia, el holandés navegó hasta Paraiba y dividió su flota en dos. Una parte de ella, mandada por Veront, se dirigió a África. La otra, con 17 barcos y mandada por el propio Enrico se dirigió a Puerto Rico con ánimo de tomar dicha plaza. Enrico llegó a San Juan el 25 de septiembre de 1625 con su flota y 3,000 hombres para atacar y tomar posesión de Puerto Rico. Encontraron el camino limpio para el desembarco y se apoderaron de La Fortaleza, saquearon las casas y los espacios religiosos. Cortaron el puente de San Antonio y se estableció un sitio que impedía la comunicación con el resto de la isla. El puerto español tenía poca dotación militar, pero contaba con un castillo (El Morro, casi terminado) en el que servían 400 soldados a las órdenes del gobernador Juan de Haro. Éste comprendió lo inútil de defender la población y se atrincheró en el Morro con sus hombres, para obligar al enemigo a un cerco prolongado. Los ataques holandeses contra El Morro fueron rechazados todos, la artillería del fuerte hizo su trabajo y la tropa de caballería comandada por el capitán Juan de Amézquita diezmó las trincheras del enemigo.

Balduino Enrico pidió la rendición a Haro una y otra vez sin resultado alguno. Haro se negó, respondiendo a la batalla con ataques sorpresivos, tanto en el mar como en la tierra. Enrico amenazó con quemar la ciudad si no lo hacía; al no recibir respuesta, ordenó incendiar San Juan el 21 octubre. Al cabo de un tiempo, Haro y su ejército lograron recapturar el cañuelo y restablecer la comunicación en el resto de la isla. El holandés Balduino huyó luego de quemar y saquear la ciudad el 1 de noviembre de 1625 bajo los cañonazos de los españoles, que hundieron el buque Medenblink, propiedad del príncipe de Orange. Enrico perdió más de doscientos hombres, dejando además quince prisioneros que Haro mandó ahorcar. Al finalizar este ataque, España reconstruyó y convirtió la isleta de San Juan en una respetable y hermosa ciudadela.

El monumento frente al Morro dice: “A Juan de Amézquita Quijano, capitán puertorriqueño”. Juan de Amézquita Quijano nació en San Sebastián, provincia de Vizcaya, Euskadi (País Vasco), pero hizo su vida en Puerto Rico y aunque fue nombrado después gobernador de Santiago de Cuba, varios años después renunció para regresar a Puerto Rico.

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Batalla de Pepino

El 24 de septiembre de 1868 ocurre La de Pepino en el Pueblo de Pepino (actualmente San Sebastián). La batalla del Pepino fue el único encuentro militar durante la revolución del Grito de Lares entre las fuerzas de la República de Lares y el gobierno colonial español. Manuel Cebollero, presidente de la Junta El Porvenir de San Sebastián y Manuel Rojas, de la Junta Centro Bravo No. 2 de Lares, dirigieron a un ejército de cientos de hombres armados, la mayoría solo con machetes al pueblo de Pepino. En esa época uno de los pueblos más grande y de mayor comercio agrícola del centro de la isla, con 22 haciendas cafetaleras y de otros productos agrícolas era el pueblo de San Sebastián.

El ejército boricua avanzó directamente a la plaza de Pepino. La milicia española, apostada en los techos de los edificios, sorprendió al grupo con una fuerte resistencia, causando gran confusión entre los rebeldes armados que salieron del pueblo. Durante la retirada, una banda de insurrectos, liderada por el lugarteniente Joaquín Parrilla, fue sitiada por militares del ejército español. Durante el sitio, los militares españoles piden a los insurrectos la rendición, a lo que el lugarteniente Parrilla contestó: “Parrilla no se rinde”. Inmediatamente se produce un tiroteo dejando muertos la totalidad de la tropa sublevada. Cuando los revolucionarios recibieron la orden de retirada, luego de aceptar que les sería imposible por el momento tomar el pueblo, el pepiniano Venancio Román en vez de retirarse decidió batirse con el enemigo y dejar la siguiente frase para la historia: “yo he venido a pelear, no he venido a huir…! Viva la libertad de Puerto Rico!” Otro pepiniano, Casto Santiago, también murió en la batalla desarrollada en la plaza. Murieron en combate 6 revolucionarios, seis heridos y siete prisioneros. Ese día unos 20 rebeldes fueron capturados, entre ellos el joven de 20 años Juan Rius Rivera, quien más tarde se convirtió en el Comandante en Jefe del Ejército de Liberación en el occidente de Cuba. Unos 6 rebeldes perdieron la vida en la plaza de San Sebastián con varias decenas de heridos. Otros rebeldes fueron asesinados días después en los campos de Puerto Rico combatiendo con las tropas españolas, entre ellos, Manolo el Leñero, Mathias Brugman, su hijo Héctor Brugman y Baldomero Baurer, asesinados en combate el 30 de septiembre de 1868 en Yauco. Esta batalla resultó ser un grave revés para las fuerzas revolucionarias de la República de Lares, ya que nunca más volverían a tomar el campo de batalla en contra de las tropas españolas.

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