Curso básico de injusticia

             Los medios de comunicación encaminan la publicidad al consumo excesivo cuando la economía no lo permite. Las paginas y los diarios solo expresan los problemas de nuestro diario vivir dejando atrás lo que verdaderamente importa que son los temas de política y economía. Los medios masivos de comunicación por otra parte solo nos comunican la obligación que todos tenemos de contemplarnos en el espejo y asi crearnos las pautas establecidas que reflejan los valores de la cultura de consumo. Todos estamos obligados a embarcarnos en el crucero del consumo, que surca las agitadas aguas del mercado. La televisión se encarga de convertir las necesidades inútiles en “necesidades reales” e insta la clase media a ver los préstamos como una manera de sufragar las demandas artifiaciales que el norte del mundo inventa sin descanso y, exitosamente y, que a su vez las proyecta hacia el sur dirigiéndose a la minoría consumidora. La publicidad también es la mayor difusora de la violencia. Enseña a confundir a las personas la calidad de vida con la cantidad de cosas, además brinda cotidianos cursos audiovisuales de violencia, que los videojuegos complementan. El crimen es el espectáculo más grande de la pantalla chica.

            La economía mundial exige mercados de consumo en perpetua expansión. El mismo sistema necesita vender cada vez más, necesita también pagar cada vez menos. El norte del mundo dicta ordenes de consumo cada vez más imperiosas, dirigidas al sur y al este, para multiplicar a los consumidores, pero en mayor medida multiplica a los delincuentes. La economía mundial tiene quien la mida. Lo confiesa el Banco Mundial y lo confirman diversos organismos de las Naciones Unidas. Nunca ha sido el mundo tan escandalosamente injusto como en estos tiempos. En 1960, el veinte por ciento de la humanidad, el más rico, tenía treinta veces más que el veinte por ciento más pobre. En 1990, la diferencia era de sesenta veces. Desde entonces, se ha seguido abriendo la tijera: en el año 2000, la diferencia será de noventa veces.  Una mujer embarazada corre cien veces más riesgo de muerte en África que en Europa. El valor de los productos para mascotas animales que se venden, cada año, en los Estados Unidos, es cuatro veces mayor que toda la producción de Etiopía. Las ventas de sólo dos gigantes, General Motors y Ford, superan largamente el valor de la producción de toda el África negra. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, diez personas, los diez opulentos más opulentos del planeta, tienen una riqueza equivalente al valor de la producción total de cincuenta países, y cuatrocientos cuarenta y siete multimillonarios suman una fortuna mayor que el ingreso anual de la mitad de la humanidad. El responsable de este organismo de las Naciones Unidas, James Gustave Speth, declaró en 1997 que, en el último medio siglo, la cantidad de pobres se ha triplicado, y mil seiscientos millones de personas están viviendo peor que hace quince años.

            El mundo sigue su marcha: dentro de cada país, se reproduce la injusticia que rige las relaciones entre los países, y se va abriendo más y más, año tras año, la brecha entre los que tienen todo y los que tienen nada. América latina es la región más injusta del mundo. En ningún otro lugar es tan inmensa la distancia que separa a los pocos que tienen el derecho de mandar, de los muchos que tienen el deber de obedecer.

              La economía latinoamericana es una economía esclavista que se hace la posmoderna: paga salarios africanos, cobra precios europeos, y la injusticia y la violencia son las mercancías que produce con más alta eficiencia. Laciudad de México es la capital del país que más multimillonarios de fortuna súbita ha generado en el mundo de los años noventa: según los datos de las Naciones Unidas, un solo mexicano posee una riqueza equivalente a la que suman diecisiete millones de mexicanos pobres.

            En la era de las privatizaciones y del mercado libre, el dinero gobierna sin intermediarios. El estado debe ocuparse de la disciplina de la mano de obra barata y de la represión de las peligrosas legiones de brazos que no encuentran trabajo. En muchos países del mundo, la justicia social ha sido reducida a justicia penal. El estado vela por la seguridad pública: de los otros servicios, ya se encargará el mercado; y de la pobreza, ya se ocupará Dios, si la policía no alcanza. La pobreza mata cada año, en el mundo, más gente que toda la segunda guerra mundial, pero, desde el punto de vista del poder esto ayuda a regular la población, que está creciendo demasiado. Holanda tiene cuatrocientos habitantes por kilómetro cuadrado y ningún holandés se muere de hambre; pero en Brasil y en Colombia un puñado de voraces se queda con todo.

              La memoria rota nos hace creer que la riqueza y la pobreza vienen de la eternidad y hacia la eternidad caminan, y que así son las cosas porque Dios, o la costumbre, quieren que así sean. Desde el punto de vista de las estadísticas, si una persona recibe mil dólares y otra persona no recibe nada, cada una de esas personas aparece recibiendo quinientos dólares en el cómputo del ingreso per cápita.

             La libertad de comercio se vende como nueva, pero tiene una historia larga. Y esa historia tiene mucho que ver con los orígenes de la injusticia. Ejemplo: hace tres o cuatro siglos, Inglaterra, Holanda y Francia ejercían la piratería, la libertad de comercio fue la coartada que toda Europa usó para enriquecerse vendiendo carne humana, en el tráfico de esclavos;  cuando los Estados Unidos se independizaron de Inglaterra, lo primero que hicieron fue prohibir la libertad de comercio, y las telas norteamericanas, se hicieron obligatorias, desde el pañal del bebé hasta la mortaja del muerto; después, sin embargo, los Estados Unidos enarbolaron la libertad de comercio para obligar a muchos países latinoamericanos al consumo de sus mercancías.

            Países en desarrollo es el nombre con que los expertos designan a los países arrollados por el desarrollo ajeno. Según las Naciones Unidas, los países en desarrollo envían a los países desarrollados,  diez veces más dinero que el dinero que reciben por la ayuda externa. Ayuda externa se llama el impuestito que el vicio paga a la virtud en las relaciones internacionales. La ayuda externa se distribuye de tal manera que, confirma la injusticia, y rara vez la contradice. El mercado libre ha convertido a nuestros países en bazares repletos de chucherías importadas, que la mayoría de la gente puede mirar pero no puede tocar. Los presidentes de las Américas emiten resoluciones repitiendo que el mercado libre contribuirá a la prosperidad. El libre flujo de capitales está engordando cada día más a los narcotraficantes y a los banqueros que dan refugio a sus narco-dólares. El derrumbamiento de los controles públicos, en las finanzas y en la economía, les facilita el trabajo: les proporciona buenas máscaras y les permite organizar los circuitos de distribución de drogas y el lavado del dinero sucio. Esto está sirviendo para que el norte del mundo pueda dar rienda suelta a su generosidad, instalando al sur y al este sus industrias más contaminantes, pagando salarios simbólicos y obsequiándonos sus residuos nucleares y otras basuras.

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Fuente: Galeano, Eduardo (2009) Curso básico de injusticia.  En Galeano, Patas Arriba La escuela del mundo al revés (pp. 18-27). Coyhaique, Patagonia: Talleres gráficos F.U.R.I.A.

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