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La comunidad del Barrio Mariana en Humacao

             Las luchas libradas por más de tres décadas en el Barrio Mariana de Humacao han llevado a la creación de una organización comunitaria de base llamada Asociación Recreativa y Educativa Comunal del Barrio Mariana de Humacao, Inc. (ARECMA). Dicha organización ha servido parta la transformación, desarrollo y construcción de un pensamiento crítico, un sentido bien amplio de conciencia los cuales han fortalecidos los procesos de liberación individual y colectiva de la comunidad.

             En el sector más alto de Humacao, Mariana 2, que está en colindancia con Yabucoa, como bien dice Luz Vega, no dieron paso a la solución mágica de los problemas sino que actuaron en pro los derechos de la comunidad como colectivo desde la década del 50 y hoy día dichas luchas tienen como consecuencia la unión de sus ciudadanos en un contexto socio-histórico que los hace tener ese sentido tan grande de conciencia e identidad. En la comunidad de Mariana de 1970-1980 se ha creado un frente social, logrando que hasta residentes de Yabucoa se identifiquen o tengan un sentido de pertenencia con la comunidad de Mariana. Y no es por casualidad que dicho fenómeno ha tenido auge, sino que además de velar por los intereses de la comunidad, ese sentido de identidad es uno de los principales nortes en la organización ARECMA, el preservar la cultura, historia y educar desde la realidad social puertorriqueña como sujeto colonizado y oprimido. Luz Vega dice que:

“uno de los objetivos del régimen colonialista ha sido el intento de ocultar, tergiversar y obstaculizar el reconocimiento de nuestra propia historia y cultura hasta desdibujarla y que, a fuerza de estar ausente, comencemos a creer que solo existe el aquí y ahora. Pretender que aceptemos la teoría de tabula rasa es negar la construcción misma de la sociedad de la que somos parte”.

Por razones como las antes mencionadas nace el Festival de la Pana que es un evento cultural que contribuye al rescate de nuestra historia. En dicho festival del que fuimos participes como parte de la clase se pudo apreciar grandemente,

·        El sentido de pertenencia: que los hizo apropiarse de ese espacio geográfico implantando una plena soberanía y decisiones como comunidad.

·        La integración social: haciendo partícipes no solo a los habitantes de la comunidad de Mariana sino a personas de todos los pueblos cercanos.

·        La plena participación de la comunidad: donde toda la comunidad organiza la actividad prácticamente como un solo ente.

·        Solidaridad: la gran cantidad de voluntarios a fines de la comunidad.

            No solo fue una gran experiencia de trabajo comunitario sino que fue una experiencia donde pude observar un fenómeno bien peculiar. En esta comunidad se puede apreciar un fuego ardiente, un sentido patrio, una conciencia revolucionaria, no tengo palabras exactas para explicarlo. Ellos tienen un sentimiento peculiar, no tan solo como puertorriqueños, sino como comunidad. Tuve la extraña percepción que esta comunidad no siente ser humacaeños sino que sienten ser “marianences”. Es un poco atrevida mi acusación, pero no muy alejada de mi experiencia y realidad social de la comunidad de Mariana. El primer trabajo que realicé en el festival fue preguntarles a las personas que iban llegando al festival de que pueblo era para llevar un censo de cuantas personas asistían al festival y de donde venían. Me pareció sumamente extraño que cada persona que era de la comunidad al escuchar la pregunta: ¿de qué pueblo eres? Respondían: “de Mariana”, “de aquí mismo de Mariana”, eran bien pocos los que respondían que eran  de Humacao.

            Esta situación me pareció normal hasta que un grupo de niñas comenzó a bailar plena en la tarima. Mientras ellas bailaban un señor iba contando la historia del barrio Mariana y fue bien enfático en decir que el barrio Mariana tenía un himno, bandera y escudo propio al cual ellos respondían. En ese momento comencé a certificar lo que comenzó con una simple sospecha. Toda esta intriga la logré concretar por error al conocer a un personaje sumamente pintoresco llamado Andrés. A principio pensé que Andrés era uno de esos señores cuentista que se para en las esquinas, pero a medida que fue hablando, la coherencia, sabiduría, experiencias y lucidez me hicieron entender que éste señor llevaba consigo el comportamiento de un determinado sector o pueblo. Mis compañeras y yo nos detuvimos a hablar con él, ya que era muy gracioso, hablaba en tono o prosa poética y para completar era trovador. En una conversación le dije: – “oye Andrés tú te las traes”. En respuesta a mi acercamiento él me dijo: – “así somos todos los de Mariana”. Yo, un tanto atrevido le pregunte: – ¿los de Humacao?, y él me dijo: – no, así somos los de Mariana.

            Es hermoso ver una comunidad completa con ese sentido de pertenencia, conciencia y autogestión social. Ese identidad que no solo se les sale por los poros sino que expresan a viva voz. La historia nos hace grande, la historia nos une, la historia nos crea conciencia y nos hace ver la realidad.

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Foto del Festival de la Pana 2015.

Las comunidades del Caño Martin Peña y su sentido de conciencia

Para la década de 1950 el gobierno no contempló que el modelo económico implantado sería un progreso para la isla pero estaría sujeto a la desgracia de muchos. Los grandes incentivos a las corporaciones extranjeras dieron paso a la industrialización encima de una economía agrícola. La “modernización” y progreso económico del país trajo consigo un deterioro social, dificultad en la vida afectiva, aumentos en la incidencia criminal y un sinnúmero de desacomodados y, las comunidades del Caño vienen a ser parte de éstos últimos, quienes tuvieron que rellenar con basura y con cualquier material que encontraran el Caño para poder vivir o tener una vivienda digna dentro de las necesidades existentes.

El Proyecto Enlace del Caño Martín Peña surge como una iniciativa desde el Gobierno, que encomienda a la Autoridad de Carreteras y Transportación a comenzar un proceso de rehabilitación y mantenimiento del Caño Martín Peña. El Caño está ubicado entre Santurce y Hato Rey en San Juan, P.R. y sus condiciones son unas precarias debido la contaminación por descargas de aguas usadas. Las comunidades del Caño, gracias a la metodología de planificación participativa, son protagonistas de un proceso poco tradicional donde la ciudadanía está directamente presente en la toma de decisiones sobre todo lo relacionado al desarrollo integral de su entorno social. No tan solo son participes de las decisiones dentro de la comunidad sino que han logrado colocarse, desde las mismas comunidades, y establecer políticas públicas  como: la Ley 489 del 2004 (Ley para el Desarrollo Integral del Distrito de Planificación Especial del Caño Martín Peña).

             Es increíble ver en el pueblo de San Juan más de ocho comunidades que sufrían de necesidades que no eran atendidas por el Estado, que aunque todo empezó como una iniciativa gubernamental los ciudadanos fueron realmente los protagonistas. Como un acto de rebeldía, dejando todo tipo de ideologías atrás, dando un discurso de conciencia desde la realidad y contexto de la comunidad en cuestión, éstas comunidades resurgieron como todo un municipio insertado dentro de otro municipio, cumpliendo sus necesidades y sacando a flote sus comunidades.

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            Soy un joven que se crió cerca de estas comunidades, actualmente las visito y muchos de mis amigos y antiguos compañeros de estudio viven en algunas de ellas. Por años fui testigo del desastre que había en este lugar y también pude apreciar como los políticos utilizaban las necesidades de éstas comunidades para hacer sus campañas, sin embargo, como es un cuento de nunca acabar, al ganar las elecciones nunca aparecían. Los políticos nunca tuvieron conciencia de las implicancias que tenía sobre cada ciudadano las condiciones del Caño Martin Peña y, ni se dignaron en ayudar a que estas comunidades tuvieran una mejor calidad de vida. Como una muestra de resistencia al sistema, al Estado, a la opresión, o quizás a las diferentes bases estructurales que están dispuestas a hacer que estas personas no salgan de dicha necesidad, la comunidad ha hecho un trabajo de planificación, dirección y mano de obra voluntaria admirable.

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            Es sumamente impresionante, casi un fenómeno, ver como estas ocho comunidades representadas por el G-8 que, ante la falta de titularidad de sus tierras y la amenaza de la expropiación y desalojo, diseñaron lo que se conoce como el Fideicomiso de la Tierra del Caño Martin Peña. ¿Por qué es sumamente impresionante? Me explico. Vivimos en un sistema capitalista donde la individualidad es la orden del día y la opresión a la clase media es rapante, y a los desacomodados ni se diga. Ver como estas comunidades han logrado, no tan solo organizarse, sino que llegar a acuerdos en colectivo sobre que se va a hacer con las tierras del Caño es algo digno de estudiar. El Proyecto Enlace ha logrado que 33 familias se hayan integrado al fideicomiso. No es solo entrar al fideicomiso, el mismo tiene unos parámetros de cómo se maneja las tierras y como deben ser las negociaciones a la hora de una venta. Hago referencia a esto porque en el sistema que vivimos a nadie le gusta que le digan qué hacer con lo propio. No obstante, cargar ese peso y saber que era dueño de una casa que tasó $1,500.00 y ahora soy dueño de una casa que tasó $120,000.00, y no tan solo eso, sino que pertenezco a un fideicomiso que me hace propietario, no de 10 cuerdas que cubre mi casa por exponer un ejemplo, sino que soy dueño, junto a otros, de 200 cuerdas que es lo que comprende el Fideicomiso de la Tierra del Caño Martin Peña. Esto último en un sistema capitalista es mucho que decir. El Caño ha cambiado para bien y sin ningún tipo de intereses individuales.

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            Cuando la necesidad se hace parte del diario vivir se da por hecho y como algo normal, pero cuando existe un granito de conciencia la resistencia se convierte en el alimento del esperanzado, partiendo de la premisa que sus esfuerzos no serán en vano. Las ocho comunidades que comprenden el Caño Martin Peña iniciaron un precedente por negarse a morir, por tomar la inacción del Estado como un mensaje figurado de que tenían que tomar acción, por no esperar el desalojo y arrancarle al Estado las tierras que ellos entendían que eran de ellos, por despertar la conciencia que había en los residentes, sin ideologías, prejuicios y protagonismos, éstas comunidades cambiaron el curso de la historia que, quizás iba a ser dirigida por los grandes intereses. 

¿Cuál es nuestra visión hacia un deambulante?

             Las personas miran a los deambulantes o desacomodados sociales como seres alienígenas cuando en realidad son seres humanos, ¿o no? ¿Qué es un ser humano? Un ser humano es un ser vivo que posee capacidades mentales que les permite aprender, inventar y utilizar lenguajes complejos, pero aparte de eso es un ser vivo que siente y padece. También deberíamos tener bien claro: ¿qué es un deambulante? Se considera deambulante a la persona que carece de una vivienda adecuada, vive en la calle o pernocta en un lugar público no apto para este uso. Con esto podemos dejar más que claro que no todo deambulante consume sustancias controladas o es un desviado social, aunque por parte de la sociedad esa distinción no existe.

            Al transitar por las calles los vemos y actuamos como si fueran invisibles. Caminamos solo mirando hacia adelante y esquivando al “tecato” que se encuentra tirado al ras del contén, para no pisarlo, aunque lo esquivemos como mismo hacemos cuando vemos una lata o cualquier otra desperdicio. “El que se daña es porque quiere”. “El tuvo la misma oportunidad que yo y mira donde está”. Si aceptamos estos comentarios como válidos, perpetuaríamos los mismos, y no haríamos ningún tipo de cambio. Qué tal si planteamos, aunque también podríamos asegurar, que no todos en una sociedad han tenido las mismas oportunidades. No necesariamente tendríamos que referirnos a un mal trato por parte de la vida, o un mal núcleo familiar, malas amistades o inmadurez por parte del individuo.

            Se ha perdido el sentido humanista y compasivo en las personas, y los padres no se lo inculcan a sus hijos, que en el transcurso de su crecimiento se va reflejando en su juventud y se reproduce a flor de piel en su adultez. No tan solo se refleja la dejadez sino que la apuesta desmedida a la insensibilidad. No necesariamente hablamos de hacer una propuesta comunitaria o de caridad; no todos tienen la determinación, compromiso o están mentalmente preparados, pero si hablamos de tener claro que un deambulante no deja de ser un ser humano por ser un deambulante. Por otro lado para lograr un entendimiento del tema no hay que optar por despertar el lado filosófico de las personas sino alardearle a sus ínfulas de inconsciencia que existe la sensibilidad y que un ser humano que deambula no es una cosa, un “tecato”, o un “drogadicto”.

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            En una ocasión iba transitando por la ave. Barbosa en San Juan; allí se encontraba un deambulante. Era tarde en la noche y él (el joven dembulante), se mantenía todo el tiempo haciendo mímicas de movimientos de baloncesto y voleibol. Me detuve a echar gasolina y me pareció raro que no se me acercara a pedirme dinero. De repente lanzó un papel hacia un zafacón y falló al intentar encestarlo.

Me miró y dijo:

–          Falta de práctica.

Yo asintiendo sonreí y pregunté. – ¿Jugabas?

–          Sí, pero por cosas de la vida, eso ya pasó. (con una sonrisa entre dientes y cabizbajo contestó)

–          ¿Cosas de la vida o decisiones erróneas? Pregunté.

Moviendo su cabeza de lado a lado contestó. – yo era voleibolista y jugué en varios equipos. Hace más o menos tres años tuve un accidente y estuve en coma un tiempo. En el hospital me daban pastillas pa’ los dolores, viejo… me daban pali y pelco. Cada vez que yo decía “hay”, me daban dos pastillas. Me “juquié” con esas pastillas sin darme cuenta y cuando me dieron de alta, al segundo o tercer día comencé a sentirme mal. Sudaba, vomitaba, me sentía tembloroso y me di cuenta que estaba rompiendo vicio. Chico, yo soy de aquí, pero no tengo familia en Puerto Rico, to’ se fueron pa’ya fuera y cuando hablo con ellos no me atrevo a decirles en la situación que estoy. He busca’o ayuda, pero el vicio es fuerte… yo estudiaba en Sagrado y tenia beca deportiva; lo perdí todo, mi novia, amigos y futuro. No robo ni pido. Ayudo a la gente que viene al “car wash” y me gano lo mío. Mírame, ¿qué edad tú crees que tengo?… tengo 24 años… ¡soy un chamaquito y no sé qué hacer! Llevo en este vicio dos años más o menos y parezco un viejo.

            Podrán existir un sinnúmero de excusas en su historia y podemos alegar quizás falta de determinación de su parte, pero ¿cuántas personas le preguntaron su historia antes de lanzarle una mirada despectiva o un comentario insultante? Juzgue usted, sin entrar en discusión si su historia es cierta o cuanto de ficticia tiene; si deberíamos llamarlo “tecato” y no tratarlo como un ser humano que siente y padece.