Las comunidades del Caño Martin Peña y su sentido de conciencia

Para la década de 1950 el gobierno no contempló que el modelo económico implantado sería un progreso para la isla pero estaría sujeto a la desgracia de muchos. Los grandes incentivos a las corporaciones extranjeras dieron paso a la industrialización encima de una economía agrícola. La “modernización” y progreso económico del país trajo consigo un deterioro social, dificultad en la vida afectiva, aumentos en la incidencia criminal y un sinnúmero de desacomodados y, las comunidades del Caño vienen a ser parte de éstos últimos, quienes tuvieron que rellenar con basura y con cualquier material que encontraran el Caño para poder vivir o tener una vivienda digna dentro de las necesidades existentes.

El Proyecto Enlace del Caño Martín Peña surge como una iniciativa desde el Gobierno, que encomienda a la Autoridad de Carreteras y Transportación a comenzar un proceso de rehabilitación y mantenimiento del Caño Martín Peña. El Caño está ubicado entre Santurce y Hato Rey en San Juan, P.R. y sus condiciones son unas precarias debido la contaminación por descargas de aguas usadas. Las comunidades del Caño, gracias a la metodología de planificación participativa, son protagonistas de un proceso poco tradicional donde la ciudadanía está directamente presente en la toma de decisiones sobre todo lo relacionado al desarrollo integral de su entorno social. No tan solo son participes de las decisiones dentro de la comunidad sino que han logrado colocarse, desde las mismas comunidades, y establecer políticas públicas  como: la Ley 489 del 2004 (Ley para el Desarrollo Integral del Distrito de Planificación Especial del Caño Martín Peña).

             Es increíble ver en el pueblo de San Juan más de ocho comunidades que sufrían de necesidades que no eran atendidas por el Estado, que aunque todo empezó como una iniciativa gubernamental los ciudadanos fueron realmente los protagonistas. Como un acto de rebeldía, dejando todo tipo de ideologías atrás, dando un discurso de conciencia desde la realidad y contexto de la comunidad en cuestión, éstas comunidades resurgieron como todo un municipio insertado dentro de otro municipio, cumpliendo sus necesidades y sacando a flote sus comunidades.

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            Soy un joven que se crió cerca de estas comunidades, actualmente las visito y muchos de mis amigos y antiguos compañeros de estudio viven en algunas de ellas. Por años fui testigo del desastre que había en este lugar y también pude apreciar como los políticos utilizaban las necesidades de éstas comunidades para hacer sus campañas, sin embargo, como es un cuento de nunca acabar, al ganar las elecciones nunca aparecían. Los políticos nunca tuvieron conciencia de las implicancias que tenía sobre cada ciudadano las condiciones del Caño Martin Peña y, ni se dignaron en ayudar a que estas comunidades tuvieran una mejor calidad de vida. Como una muestra de resistencia al sistema, al Estado, a la opresión, o quizás a las diferentes bases estructurales que están dispuestas a hacer que estas personas no salgan de dicha necesidad, la comunidad ha hecho un trabajo de planificación, dirección y mano de obra voluntaria admirable.

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            Es sumamente impresionante, casi un fenómeno, ver como estas ocho comunidades representadas por el G-8 que, ante la falta de titularidad de sus tierras y la amenaza de la expropiación y desalojo, diseñaron lo que se conoce como el Fideicomiso de la Tierra del Caño Martin Peña. ¿Por qué es sumamente impresionante? Me explico. Vivimos en un sistema capitalista donde la individualidad es la orden del día y la opresión a la clase media es rapante, y a los desacomodados ni se diga. Ver como estas comunidades han logrado, no tan solo organizarse, sino que llegar a acuerdos en colectivo sobre que se va a hacer con las tierras del Caño es algo digno de estudiar. El Proyecto Enlace ha logrado que 33 familias se hayan integrado al fideicomiso. No es solo entrar al fideicomiso, el mismo tiene unos parámetros de cómo se maneja las tierras y como deben ser las negociaciones a la hora de una venta. Hago referencia a esto porque en el sistema que vivimos a nadie le gusta que le digan qué hacer con lo propio. No obstante, cargar ese peso y saber que era dueño de una casa que tasó $1,500.00 y ahora soy dueño de una casa que tasó $120,000.00, y no tan solo eso, sino que pertenezco a un fideicomiso que me hace propietario, no de 10 cuerdas que cubre mi casa por exponer un ejemplo, sino que soy dueño, junto a otros, de 200 cuerdas que es lo que comprende el Fideicomiso de la Tierra del Caño Martin Peña. Esto último en un sistema capitalista es mucho que decir. El Caño ha cambiado para bien y sin ningún tipo de intereses individuales.

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            Cuando la necesidad se hace parte del diario vivir se da por hecho y como algo normal, pero cuando existe un granito de conciencia la resistencia se convierte en el alimento del esperanzado, partiendo de la premisa que sus esfuerzos no serán en vano. Las ocho comunidades que comprenden el Caño Martin Peña iniciaron un precedente por negarse a morir, por tomar la inacción del Estado como un mensaje figurado de que tenían que tomar acción, por no esperar el desalojo y arrancarle al Estado las tierras que ellos entendían que eran de ellos, por despertar la conciencia que había en los residentes, sin ideologías, prejuicios y protagonismos, éstas comunidades cambiaron el curso de la historia que, quizás iba a ser dirigida por los grandes intereses. 

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